Siempre, tras unas elecciones generales comienzan los congresos de los partidos. Es ahí donde verdaderamente se ve qué partido ha obtenido buenos resultados y cuáles no. Siempre se dice que la noche electoral sirve para demostrar que todos los partidos han ganado y ninguno pierde, pero es en los congresos donde se ve la verdadera cara de los partidos.
Los congresos donde más cuchillos pueden volar serán los de ERC, IU en Euskadi, los del PSOE en Madrid, Comunidad Valenciana y probablemente Castilla y León, y el PP en Catalunya y Baleares. Y los que verdaderamente se van a llevar la palma son los nacionales de IU y PP.
En próximas entradas de este blog se comentarán todos estos congresos, pero hoy me centraré en el congreso nacional del PP. Sobre este último se ha hablado mucho desde el 9M y si hasta ahora sólo se discutía sobre nombres hoy mismo el abandono de María San Gil de la ponencia política en la que trabajaba hasta ahora demuestra que también existe un debate ideológico de fondo. Finalmente todo parece apuntar a que sólo se presentará una candidatura, la de Rajoy, pero el amago de Esperanza Aguirre, las marchas del ala dura Acebes-Zaplana, el olvido en el que vive Pizarro y hoy el portazo de San Gil auguran un congreso movidito en el que Rajoy intentará moderar la imagen del PP renovando la cúpula del partido. Pero esta renovación es la que le puede costar a Rajoy el cargo en un futuro próximo, pues los nombramientos que ha efectuado hasta ahora no han sentado nada bien en el PP, no ya sólo dentro del núcleo duro, sino en general por el bajo perfil político de todos los elegidos, con poco poder dentro del partido.
Esperanza Aguirre y el PP madrileño que controla a la perfección, van a presentar batalla a Rajoy, sino en este congreso sí durante los próximos meses con los ojos puestos en la candidatura de Aguirre para 2012, o como mínimo la candidatura de alguien afín como podría ser Rato. Por lo pronto la renuncia de San Gil por profundas discrepancias ideológicas (el objetivo del PP es moderar su discurso en relación a los nacionalistas para evitar la imagen de soledad en el congreso y el voto útil anti-PP que ha recibido el PSOE en los últimos años) ya ha sido utilizada por Aguirre que ha declarado "La decisión de María San Gil debe llevarnos a todos a reflexionar, sobre todo a los que tienen la máxima responsabilidad política a nivel nacional. San Gil es una referencia moral dentro del partido, no es ninguna funcionaria ni ninguna persona que no esté por otra cosa que no sean las convicciones profundas.", frase dirigida como puya directamente a Rajoy.
Así, todo apunta a que el congreso nacional del PP dejará una cúpula renovada con nombres jóvenes afines a Rajoy, un arrinconamiento de los más duros del partido, y unos cimientos endebles sobre los que intentará asentarse Mariano Rajoy, con la mirada de Esperanza Aguirre puesta en su sillón para las próximas generales.

La misma noche de las elecciones del 9M, Gaspar Llamazares anunció que no se presentaría a la reelección como coordinador general de IU, reconociendo así el estrepitoso fracaso obtenido en las últimas elecciones generales. Desde ese mismo día IU ha centrado su discurso en reclamar una reforma de la Ley Electoral para que deje de primar a los partidos nacionalistas y beneficie más a los partidos de ámbito estatal como IU o UPyD. ¿Pero por qué sucede esto?
La Ley Electoral se rige por circunscripciones exclusivamente provinciales, esto es, los diputados son elegidos en cada provincia, y su número depende de la cantidad de habitantes de cada una. A esto se le une que el reparto de diputados dentro de cada provincia se rige por la Ley D'Hont, que beneficia al partido más votado dentro de cada circunscripción que si se hiciera el reparto de manera puramente proporcional. Es por esto que los partidos nacionalistas obtienen un número más elevado de diputados que IU, porque los nacionalistas obtienen todos sus votos en un pequeño número de provincias, mientras que los de IU o UPyD están repartidos por toda la geografía española. El propio Miguel Herrero de Miñón (ex-diputado de UCD y AP y uno de los padres de la Constitución), afirmó en la Cadena Ser ante el propio Santiago Carrillo, que en su momento esta Ley fue así pensada para, precisamente, evitar que el PCE obtuviera una amplia representación en el parlamento, algo que podría haber soliviantado a los defensores del franquismo en una época tan delicada como fue la transición.
Aún así, IU se equivoca enormemente si basa su contundente derrota electoral únicamente en la Ley Electoral o en lo que Llamazares denominó "tsunami bipartidista" o voto útil. Y es que el auténtico fracaso de IU ha residido, obviamente, en la sangría de votos sufrida, obteniendo en este caso 900.000, muy lejos de los 10.500.000 votos del PP ó 11.500.000 del PSOE. Si echamos la vista atrás, en 1996 Anguita logró 21 diputados con esta misma Ley electoral, con 2.600.000 votos, muy lejos de los paupérrimos 2 escaños que en esta ocasión abocaban inicialmente a IU al olvido del Grupo Mixto. Los auténticos puntos sobre los que debería recapacitar la dirección de IU podrían resumirse en los siguientes:
- Guerras internas por lograr el poder dentro de IU, principalmente por parte de la "vieja guardia" del PCE, representadas en la figura de Francisco Frutos y sus afines.
- Un mensaje difuminado entre el rojo clásico del PCE y el verde ecopacifista, poco definido y que no se plasma en un ideario claro.
- Pérdida de confianza por parte una amplia bolsa de votantes que podrían transvasarse entre IU y PSOE según las circunstancias y que aún reniegan de la táctica de la "pinza" empleada por Anguita contra Felipe González.
- Divisón en dos de su grupo parlamentario en la anterior legislatura, donde no existía una única voz líder sino dos, la del propio Gaspar Llamazares y la de Joan Herrera de Iniciativa per Catalunya.
- La propia composición federal de la coalición, que le ha causado una enorme pérdida de imagen en el resto de España al apoyar Ezker Batua en Euskadi al gobierno vasco de Juan José Ibarretxe, con un mensaje poco claro frente al terrorismo y principalmente frente a su entorno abertzale.
Ni dentro ni fuera de su propio partido saben si Esperanza Aguirre va o viene. Cuando es preguntada por si se presentará al próximo congreso nacional del partido como candidata a presidir el PP su respuesta es "Ni sí ni no, sino todo lo contrario". Y es que en los últimos días Rajoy y Aguirre se han intercambiado los papeles. Si hasta ahora el carácter fuerte y contundente y las palabras claras y directas, aunque agrias, siempre provenían de Esperanza Aguirre, mientras que Rajoy se quedaba en contínuas veleidades, ahora es Aguirre quien prefiere jugar al despiste y Rajoy quien con un lenguaje claro afirma que quien se quiera ir de su partido que se vaya.
Rajoy presenta como aval el dedo índice de Aznar, pero también dos elecciones generales perdidas (al igual que la pérdida de una comunidad histórica clave para la derecha como es Galicia). Aguirre en cambio tiene dos mayorías absolutas pero el lastre de haberse quemado directamente al impedir la inclusión de Gallardón en las listas al congreso. Y mientras los cuchillos vuelan entre ambos, el alcalde de Madrid está callado esperando su oportunidad.
Rajoy conseguiría un mayor liderazgo si ganara el congreso derrotando la lista de Aguirre, pero para Aguirre sería su mayor derrota política y se cerraría numerosas puertas. Ayer la presidenta de la Comunidad de Madrid afirmó que "para descartarse, primero había que repartir las cartas". Y eso es a lo que está esperando Esperanza Aguirre, a que las cartas se repartan, en este caso a que los delegados sean escogidos por las bases en las votaciones de ayer y hoy. Una vez que Aguirre conozca los nombres de los elegidos, sabrá el verdadero apoyo con el que puede contar en el Congreso y decidirá si por fin dar el salto o no.
El mejor final para Rajoy es un congreso ganado claramente a Aguirre. El resto de posibilidades no le benefician en exceso:
- Si Rajoy es el único candidato, seguirá con la enorme sombra del dedo de Aznar a sus espaldas a ojos de la ciudadanía.
- Si Rajoy gana por la mínima a Aguirre, la bicefalia en el partido está servida.
- Si Rajoy pierde el congreso del partido... sólo le queda el retiro.
Esta es la última oportunidad de Rajoy para conseguir el liderazgo del partido, y probablemente la última para Aguirre para asaltar los cielos. Gallardón mientras, espera que sus adversarios dentro del partido se despedacen. Abran juego, señores.